jueves, 28 de julio de 2011

Como cada 28

Años atrás y cuando la cama era muy grande para mi, cada 28 de julio mi despertar era una mezcla de sensaciones de las que recuerdo con aprecio y consideración las de, malhumor, angustia, impaciencia, asfixia, cariño, más cariño, y pena. Paso a detallar cada emoción.
Malhumorado se levanta cualquier niño si es que a las 5 de la mañana de cada 28 y en época de vacaciones en el colegio, te casi empujan de la cama para poder tomar el primer bus que nos lleve hasta la casa del abuelo, claro esta que muchos años después, entre peso, altura, planes nuevos y relaciones sentimentales, esto cambió por un "vayan ustedes este año no voy, tengo cosas que hacer". Pero ahora que amanecí pensando en este día, me lamento tanto no haber estado más cerca de aquel fuerte y amoroso hombre que esperaba siempre que llegáramos hasta él solo cada 28.
La angustia e impaciencia que podía generarse horas después, ya un poco más despierto, era la de poder juntarnos entre primos, correr por el sinuoso bosque que estaba a 10 minutos de la casa, y que para nuestra edad era un lugar de misterio y hallazgos. Como también subir y hacer caminatas continuas y hasta para algunos algo accidentadas, "hermano no bajes el cerro corriendooooooo", y bueno una y mil maneras de divertirnos mientras que la comida se hacia dentro de la tierra y entre el jubilo de la familia y amigos.
La asfixia llegaba cuando teníamos que aguantar cada 28 los mil y un variopinto y mal bañado personajes que tomaba la Lima-Mala-Lima y que hacían de dicha fecha el día principal de su ausencia higiénica, quien sabe a lo mejor y los 28 no les tocaba, pero no dejaba de ser una gama de olores y empujones, como si todo Lima viviera en Papa León 13, Pucusana.
El cariño estaba reflejado en todo lado, si llegabas temprano te esperaba un buen desayuno, con tamalitos y leche fresca de vaca, la cual siempre desprecie, pero había que tomarla, para luego mientras esperábamos que le abuelo abriera nuevamente el agujero en la tierra y calentara las piedras, íbamos acabándonos la canchita chulpe de siempre y chicharrones pequeños para poner el paladar acorde a lo que comeríamos luego.
Su risa estaba en todo lado, y su desesperación cuando algún hijo suyo o hija quería ayudarlo "Deeeeejaaa ahíiii no hagas nada, vaya para atrás!!", y era así. Luego a esperar que la rama de chala, que se colocaba en el medio del montículo de tierra que cocinaba nuestra cena, cayera a un lado para destaparlo todo y generar el salibeo respectivo entre "uuuyyyy", "ya estaaa", y desde todo lado en que estuvieran ver al abuelo acabar su faena sacando las carnes, fastidiarse de tanta foto y luego con botella en mano, decir, "Ya a comer, esta bueno!".
Las horas después eran para tratar de abrazar un poco al viejo, que no dudaba en preguntarte algo básico, como ¿que tal el colegio?, ¿hijito cuando vienes de nuevo a visitarme?, para luego su acostumbrado " vaya pa alllláa, juegue no más"!, lo cual hacia para mi en particular, la delicia en su muestra de cariño y afecto de lo poco que gocé y lo mucho que aprendí de su tosca, amorosa, reilona y caballeresca forma de ser de este hombre joven y viejo a la vez.
Al irnos y embarcarnos en nuestro bus su despedida era rápida y presurosa, lo que a él le importaba no era que te quedaras abrazándolo toda la vida, sino que lleguemos a tiempo y bien a casa, para desde el paradero y a lo lejos, verlo quitarse el sombrero de paja, hacerlo a una mano, y sacudirlo en el aire diciendo "Chau queridos míos, hasta el próximo mes, o antes si puedo"!, y adentrarse a la calle de la casa, de sus dominios, de su legado.
Hoy hace ya 5 años no hay más celebraciones en tu nombre ni de la patria, siendo tu cumple los 27, porque nos dejaste para descansar un poco de tanto peso que llevar para alimentar a tus animales y tanta oliva que regar o cosechar para los tuyos, te fuiste y nos dejaste tu casa, tus recuerdos, tus sombreros, tu amor por nosotros, tu voz y tus silbidos al estar fuera de la casa y avisar que llegaste, y sobre todo me dejaste se gran y único consejo que me diste ya mayor e irresponsable aún ante todos, "Hijo no todo en esta vida es como tu quieres que sea, sino como deber ser, acepta las cosas como vienen, hazlas tuyas y respétalas para que se queden así siempre contigo, lo más importante es el respeto, sin eso no hay nada".
Hoy caballero lo extraño, lo recuerdo en mi amanecer, lo quiero como siempre, y lo beso más aún, esperando que desde donde estés me ilumines, que ya vengo haciéndote caso en todo, y créeme que acepto todo ahora, respeto y quiero mucho, y gracias a dios hoy me quieren y mucho.
Feliz cumple abuelito Jorge, silba un poquito para saber que llegaste a casa.


recuerdo el camino hasta la casa del abuelo cada 28 de julio. Su rostro de felicidad con los brazos extendidos y su sombrero de paja en una mano, abrazando y besando a cada hijo y nieto, para luego sorprendernos siempre

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