viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Natal

Para cuando Facu entro a la sala de recepciones, no esperaba ver a nadie, solo a quien lo recordara.

Tomo un cigarro, lo prendió con algunos cerillos que llevaba en el bolsillo del saco y tirando la bolsa de regalos al suelo, se sentó y recostó el cuerpo contra la luna del acceso al aeropuerto y se dejó pasar las horas, y la pregunta que vino fue: ¿Y ahora qué?.

Acabo el cigarro, lo hundió sobre su asfalto Limeño y su aire contaminadamente Limeño también. Se paró y dijo "si hay que hacerlo debo hacerlo".

Fue tras ella.

No se esperaba ninguna respuesta, no se esperaba nada porque siempre hubo el más exacto y claro de los mensajes entre los dos, aquí no se miente y si lo hice, no fue casual, solo ya no importa ahora.

La vio bajar, verlo, sonreír, y correr hasta él. El que solo venía a entregar una caja de alfajores, olvido lo que tenía en mano escupió el cigarro de la boca y embolso su cuerpo entre su torso, la tomo de la espalda y no paró de besarla.

Lo más curioso de esta parte de la narración es que los han visto tomados de la mano caminando y riendo, a veces discutiendo y otras caminando de a 3 bajo el sol y la lluvia y el viento de Lima, pero sobre todo los han visto, ella zapatillas rojas, ella casaca rosada y pequeña, él con el pelo corto. Y aún se siguen besando y sobre todo al parecer dejará de escribir por mucho tiempo alguna triste historia que ayude a regresar, esta vez el decidió quedarse.


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