Para cuando Facu entro a la sala de recepciones, no esperaba ver a nadie, solo a quien lo recordara.
Tomo un cigarro, lo prendió con algunos cerillos que llevaba en el bolsillo del saco y tirando la bolsa de regalos al suelo, se sentó y recostó el cuerpo contra la luna del acceso al aeropuerto y se dejó pasar las horas, y la pregunta que vino fue: ¿Y ahora qué?.
Fue tras ella.
No se esperaba ninguna respuesta, no se esperaba nada porque siempre hubo el más exacto y claro de los mensajes entre los dos, aquí no se miente y si lo hice, no fue casual, solo ya no importa ahora.
La vio bajar, verlo, sonreír, y correr hasta él. El que solo venía a entregar una caja de alfajores, olvido lo que tenía en mano escupió el cigarro de la boca y embolso su cuerpo entre su torso, la tomo de la espalda y no paró de besarla.
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