Amanecí un lunes y bese a mi compañerita.
Me levanté como siempre a cada día pensando en que tal vez hoy de reojo se le ocurriera voltear hacia mí. Yo sentado en las carpetas de atras podía observar sin remordimiento alguno sus delgados tobillos, su risa entrecortada y timida, su poco hablar y su no ganas de comentar mucho. Que les puedo decir, a mi edad quede embrujado.
El proceso regular del día no tuvo mayor inconveniente, algunas clases, algunas horas de descanso, poca conversación y muchas ganas de ir a casa, quizá como hasta ahora veinti tantos años después, me sigue pareciendo una rutina similar que se repite a la salida del trabajo.
Conversé con todos menos con ella, ni siquiera recuerdo haberle dicho algo alguna vez y con palabras completas, solo un hola y un chau. Recojer luego mis maletas, recorrer el camino junto a los amigos, el cual siempre sería extenso y por momentos hasta aventurero.
Recuerdo claramente que nuestra primera parada era una pequeña tienda de rejas blancas y muy amenamente atendida por una mujer de buen hablar y mucho reir. Ahí era que algún keke de chocolate, una gasesosa y algún dulce lleno de azucar en polvo, nos motivaba el camino a casa. Eramos varios recargando baterias.
Luego a la esquina deciamos hasta mañana la china que iba con mili y ellas con marco, para más adelante decir cuidate a monica y pasala bien a janeth. Pero era ahí donde algo sucedía y todo lo cambiaba, la calle era cada vez más estrecha, se inundaba de hojas y se entretejia con ramas que armaban un increible arco natural por donde dejaba correr el sol algun halo de luz.
Simplemente me quedaba mirando al cielo y recordar que desde ya hace mucho tiempo mirar al cielo no era una costumbre sino una acción de gracias.
De ahi me quedaban solo 4 o 5 cuadras a casa y las caminaba tan lentamente que más parecia que prefería quedarme bajo las sombras que sobre mi propio techo. Pero antes de llegar a casa saltó a mi una idea fugaz y confusa, una idea donde yo no era el que era, y ella no era la que era, donde yo miraba cada vez menos al cielo y más al suelo, donde mi destino acababa entre luces de neón y autos viniendo hacia mí.
Sin tomar consecuencia ni conciencia de ello, solo caminé y caminé, fue alargando mis huesos y ensanchando mis hombros, comenzé a alejarme del suelo y tocar la estrellas, simplemente no entendía nada, pero me dejaba llevar.
Pero a lo lejos desde donde quizá era un fín o un comienzo, habia alguien que me era conocida, que me era natural y hasta químicamente posible de reconocer.
Todo borroso, todo tan claro que poco a poco se fue dilucidando. Sabia que era ella, y sabia lo que debía hacer.
Me acerqué como debía acercarme y a menos de un minuto para que desapareciera todo, la halle entre mis manos, la tome del rostro y la besé.
Hasta el día de hoy si bien siento que fue ayer o antes de ayer o hace mucho, pienso y sigo pensando ¿que fue de tí y que fué de mi?. Me queda claro que si bien algo me llevó hasta ella fue la necesaria sensacion de hacer lo que realmente deseabas hacer y por hacer. Hoy que ya mis huesos aveces duelen y me encanesco de la desesperación, suelo recordar aquel día, como el día en que regresé por un minuto a buscar a una chica que deseaba besar y que necesitaba dejar.
Hace un momento presentí que habia vivido lo que viví porque todo tiene un porque, ahora me cuesta escribir y duele teclear, me creo un nuevo loco en la gama de muchos que suelen nombrar, con la diferencia que una vez fuí muy loco y me volvieron cuerdo en menos de un pestañear.
Solo me queda cerrar los ojos y repetir por calles y avenidas...que aveces los más grandes orates del mundo son los más cuerdos al querer.
¿Alguien quiere un loco?...
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